COLOFÓN DE LA SEMANA DEL DIABLO.

¿Qué pedal, enajenados lectores? Pus creo que a mí me tocó cerrar la semana del Diablo, así que les voy a contar una historia que viene en uno de los libros de cuando estaba más chavillo que redescubrí ahora que estoy terminando de sacar las cosas de mi jaus, en la cual el protagonista es por supuesto El Sata. Pensaba guardarla para la Semana de Jalogüin, pero creo que ahora será un final apropiado. La voy a transcribir tal y como viene en el libro, a ver qué les parece:

Allá por el año de 1951, en una vecindad de la calle de Peña y Peña, continuación de la calle de República de Perú, en el actual Centro Histórico de la Ciudad de México vive la familia Gómez Pérez: los esposos María Cristina y Mario, y sus cinco hijos: Raúl Andrés de 7 años, Mario Alberto de 5, José de Jesús de 4, Miguel Ángel de 2 y José Arturo, recién nacido.

Ésta familia de escasos recursos económicos vive en un departamento de apenas una pequeña estancia, cocina, baño y una recámara dividida con una sábana para que el matrimonio duerma en un lado y los hijos en el otro. El padre, especialista en litografía, trabaja desde muy temprano hasta altas horas de la noche, para obtener el mínimo dinero para el sustento de su numerosa prole. La madre es una dedicada ama de casa que vive y trabaja incansablemente en el hogar para su marido, sus hijos y su propia madre.

Los pequeños son de lo más latosos y comelones, no hay comida que dure de un día para otro, inclusive, en su inconsciencia, en algunas ocasiones dejan sin comer al cansado padre, que con su infinita paciencia y consideración, jamás los regaña por éstas acciones.

Sin embargo, con los hijos tan tremendamente traviesos, pero no malvados, en la noche fría del uno de noviembre de 1951, cuando se celebra religiosamente el Día de Todos los Santos en el país, y a punto de agasajar al día siguiente a los muertos mayores, quienes regresan para saborear los manjares que gustaban en vida (siendo las doce de la noche en punto y estando todos los integrantes de la familia profundamente dormidos), uno de ellos, Mario, el de 5 años, tiene un sueño en el que es un famoso futbolista y está en un partido muy importante; en eso, cuando le envían un pase para pegarle con la cabeza, Mario se voltea en su cama y, sin saber por qué, abre los ojos, y al instante lo hace a todo lo que dan, su mirada está fija en un horroroso ser que está delante de la puerta, enfrente de él, cubriéndola totalmente con su cuerpo; grande es su sorpresa por éste ser sumamente llamativo, vestido totalmente de rojo infierno, hecho de lumbre, con dos enormes cuernos en su frente, una vista de fuego, una sonrisa endemoniadamente maligna, macabra y hasta irónica; con la mano izquierda sosteniendo un tridente, de cuyas puntas saltan enormes chispas, tal parece que tiene luces de bengala en ellas; sobresale su enorme cola en forma de punta de lanza, con la cual hace movimientos como de serpiente para distraer la atención de las víctimas de su espeluznante aparición; lo peor, es que la demoniaca presencia hace señales con su mano derecha al pequeño Mario para que vaya con él a la vez que va acercándose muy lentamente hacia el niño, pero no camina, sino flotando, entonces, el miedo ya es insoportable y empieza a llorar sin poder decir nada de lo que está viendo; en ese momento el llanto despierta al hermano mayor, Raúl se 7 años, quien de inmediato voltea hacia la misma puerta atraído por la infernal aparición, y grita con toda su fuerza:

– ¡El Diablo! ¡El Diablo está en la puerta y me está diciendo que vaya con él!

Al escuchar los gritos de su hermano Raúl y descubrir que también ve al Demonio, Mario grita a su vez:

– ¡El Diablo! ¡El Diablo me quiere llevar!

Para entonces los dos hermanos ya están encima de la cama de sus padres, quienes entre dormidos y despiertos, no alcanzan a ver absolutamente nada, ya que la sábana que divide el cuarto tapa la visibilidad hacia la puerta donde se da la aparición.

La histeria de los dos pequeños despierta a un tercero, a Jesús de 4 años, quien probablemente contagiado por los gritos de sus hermanos mayores, también alza su voz y su vista, sólo que él dice:

– ¡Mamá, mamita, El Diablo está sentado arriba del ropero y me quiere llevar, mira cómo me llama…!

Dentro del miedo que siente Mario, alcanza a darse cuenta de que él y Raúl ven al demonio en la puerta, Jesús arriba del ropero al mismo tiempo, haciéndoles las mismas señas para que vayan con él.

Una vez refugiados los tres infantes en la cercana seguridad que les dan sus padres, el papá se levanta como no creyendo lo que gritan sus hijos, y en cuanto encienden la luz, la maligna y demoniaca aparición se va, para tranquilidad de los 3 niños, quienes son abrazados por sus progenitores, así los cinco recuperan el sueño durmiendo en la misma cama. No podía ser de otra manera.

¿Cómo vieron? ¿les latió? Ojalá que sí porque ésta historia tiene continuación, la cual veremos aquí publicada, ahora sí, en la semana de Jalogüin. Así se acaba ésta segunda semana del Diablo, medio flaca porque el pinche Dark huevas ni siquiera hizo el jider mutante con las imágenes, bueno, ahí pa la otra.

3 pensamientos en “COLOFÓN DE LA SEMANA DEL DIABLO.

Comenta al respecto

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s