PERROS SALVAJES.

 

Después de leer el cagadísimo post del Dark de sus encuentros con perros en su tormentosa Ciudad Neza, recordé que yo también he tenido enfrentamientos con perros, de los cuales he salido bien librado gracias a que apliqué oportunamente algunos de los consejos que el Dark mencionó. Ahí les van.

ROUND 1: VILLA PINGÜINO.

Cuando era Evil Kid, mis jefes me hacían una fiesta cada año en mi cumpleaños, en esa ocasión se hizo en el patio de abajo de mi casa y fueron varios de mis cuates de la primaria (creo que cumplí 9). Junto a mi casa vivía un veterinario dueño de un enorme Pastor Alemán que en cuanto alguien se acercaba a su reja se ponía a ladrar y a gruñir como poseído, nunca le puse atención porque la reja siempre estaba cerrada. Pues en esa fiesta se nos ocurrió ir a la tienda, que aún hoy está al final de la calle y pasamos frente a la reja del perro, mis cuates empezaron a hacerle gestos y dengues al perro, quien por supuesto empezó a ladrar, el horror empezó cuando chocó con la reja, y ésta se abrió ¡sí, la puta reja estaba abierta! El perro se veía tan sorprendido como nosotros, pero uno de mis cuates empezó a gritar estúpidamente y se echó a correr. Fue todo lo que el Barón (así se llamaba el perro hijoputa) necesitó para salir disparado detrás de nosotros, por supuesto que yo también corrí como demonio, eso sí un poco más tranquilo porque oí la voz del veterinario que llamaba al Barón y corría detrás de él, total que otros tres güeyes y yo no paramos de correr hasta llegar al mercado (considerablemente lejos de donde la corretiza empezó) y comprobar que el pinche perro ya nos seguía. Fuimos los últimos en llegar a mi casa y no obstante del susto que pasamos mi mamá nos cagó A TODOS por pendejos y por andar saliéndonos de la fiesta. Puedo decir que gané éste asalto.

Pensé que así quedaríamos

ROUND 2: COACALCO.

Esto sucedió también cuando era Evil Kid y tenía unos 12 o 13 años. Mi papá tiene (o tenía, quién sabe) un hermano que vivía hasta Villa de las Flores, por lo que visitarlo era una verdadera excursión. En una de esas ocasiones, mi primo (hijo de mi tío) y yo fuimos a las maquinitas de allá por su casa, que en aquél entonces, también era tierra de nadie, por supuesto íbamos a jugar Street Fighter II que era lo que en esos días rifaba, así que salimos corriendo de su casa, el local de las maquinitas estaba a unas 4 calles de ahí, en nuestra carrera no nos dimos cuenta que había una reja abierta, de la que salió un perro gris más o menos grande y nos empezó a corretear con las peores intenciones. Yo iba hasta adelante, así que al llegar a la avenida doblé la esquina y esperé, llegó mi primo con el puto perro atrás a punto de morderlo, y justo en ése momento le lancé una patada con todas las fuerzas que fui capaz con la idea de patearle el hocico pero por la posición en la que venía el perro le atiné en el cuello. La neta los dos nos asustamos cuando vimos que el perro se desplomó como muerto, así que corrimos de vuelta a la casa pensando que me lo había cargado, ya no salimos para nada y volví a estar tranquilo cuando al ir de vuelta a mi casa en el coche vi al perro paseándose en su patiecito el muy cabrón. Otra victoria para Evil.

ROUND 3: VILLA PINGÜINO (AGAIN).

Esto pasó allá por el 2000. Cuando iba en la Facultad, entraba a clases a las 7:00 AM, por lo que tenía que salir de mi jaus muy temprano (6:30 AM a más tardar), por si fuera poco había épocas del año en que salía y todavía parecía ser de noche por lo obscuro que estaba todo. Una de esas mañanas yo iba caminando como siempre y tomé el camino de rutina para llegar al metro, afuera de una casa siempre estaba un perro negro chaparrín y todos los días pasaba frente a él sin que me pelara, pero no sé por qué en cuanto me vio me ladró muy amenazante el culero. Intenté aplicar “EL GRITO DE BATALLA” pero no funcionó así que fui retrocediendo para ver qué pretendía el puto, no podía hacer otra cosa porque lo tenía peligrosamente cerca, entonces me tiró la mordida e instintivamente la asesté una patada en el hocico, la cual lo hizo chillar, retroceder y apendejarse un instante, mismo que aproveché para salir corriendo y gritando “¡¡AAAAHHH!!” con el perro detrás de mí. Afortunadamente lo que escribió el Dark de que los perros son territoriales y huevones es cierto, porque al cruzar el parquecito y llegar al metro el perro ya no estaba, o sea que en ambas ocasiones me salvaron mis reflejos de Kim Kaphwan. Perros 0 Evil 3. Como epílogo puedo comentarles que meses después ése pinche perrucho murió, según dicen envenenado. La neta es que lo mató el recordar mi poderoso cosmo y el miedo de tal vez tener que enfrentarme otra vez. Ajá.

¡Así pateé a los perros!

ROUND 4: NEZA, DARK’S LAND.

Todos sabemos que quien decide lo que sucede en Ciudad Neza es el Dark, pero eso no me salvó de sufrir una experiencia con una de esas fieras que abundan en sus dominios. Sucede que fui una vez a la casa del Dark a echar la reta, y como hasta la fecha no sé qué micro tomar, dónde bajarme, por qué calle meterme, etc., además de que cuando uno llega a lugares medio peligrosos no hay nada mejor que hacerse acompañar de uno de los “cacasgrandes” de por ahí, el Dark fue por mí al metro Pantitlán, lo cual me tranquilizaba mucho (dicen que su presencia infunde un temor inenarrable en los corazones de los lugareños). Cuando íbamos llegando a la calle donde vive me percaté de que un perro que se veía más o menos cabrón se aproximaba lentamente hacia nosotros, inmediatamente el Dark se puso en alerta (creo que se preparaba para el combate); yo en ése entonces cargaba una cartera que incluía una cadena gruesa y pesada, bastante respetable, así que la empecé a sacar para utilizarla como arma contra nuestro formidable adversario. Cuando el recabrón llegaba y estaba a punto de comenzar la pelea, apareció Don Dark (el papá del Dark, no confundirlo con su tío Temo El Héroe) con su coche salvador, el cual ahuyentó inmediatamente al perro, y mientras nos saludaba, nos dijo “si no hace nada” (refiriéndose al perro), al tiempo que nos sonreía insinuando un sutil “no sean pendejos”. Una vez más salía ileso.

El Dark y yo alertas, listos y dispuestos a combatir al perro asesino.

Así que como podrán ver puedo atestiguar que las técnicas que el Dark nos compartió son bastante efectivas para evitar morir de manera lenta y dolorosa (especialmente dolorosa), pero siempre lo mejor será evitar al perro maldito. Así que entrenen y no se dejen sorprender.

2 pensamientos en “

  1. Ja ja ja ja, qué chido, no sabíamos de tus habilidades para el taikuando, esa vez por aquí me encabronó que íbamos llegando a mi casa y pinche perro, hasta venía a nuestro paso. Vaya encuentros letales que de seguro te sacaron un sustito.

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